17 junio 2006

La paja en el ojo de Dios

Hoy toca lectura: acabo de leerme este curioso libro, al que llegué tras leer en una reseña que era uno de los grandes clásicos imprescindibles de la Ciencia-Ficción.
He de reconocer que el principio me decepcionó un poco: venía de haberme terminado El Consejo de Hierro, y leer una prosa más ligera que la de Mieville me parecía poca cosa. Afortunadamente, el mediano nivel literario se vio pronto compensado por una historia extremadamente absorbente y bien construida.
El libro se sitúa en el siglo XXXI (aunque no el de Ulises), en el que la Humanidad ya ha colonizado cientos de planetas, la mayoría de los cuales pertenecen a un Imperio (que más bien parece una Confederación), aunque algunos aún provocan escaramuzas independentistas esporádicas. Culturalmente, se trata de un Imperio bastante mojigato, en el que la Iglesia (alguna variante del Cristianismo) tiene bastante poder (si bien, otras religiones conviven con ella en aparente paz).
En estas condiciones se produce el hecho más trascendental de la Historia: el primer contacto con una civilización alienígena. Una delegación científico-militar del Imperio acude al planeta Paja Uno (la explicación de tan curioso nombre está en el aforismo del título del libro) y toma contacto con los pajeños, unos curiosos seres asimétricos, que forman una cultura feudal-industrial y guardan un terrible secreto que marcará las relaciones con la Humanidad.
Lo más interesante del libro son los largos capítulos en los que los delegados de ambas civilizaciones intentan entenderse unos a otros. La cultura y la sociedad pajeñas son tan sumamente distintas a las humanas, que parece prácticamente imposible que ambas puedan llegar a entenderse, sobre todo, a la luz de los terribles conflictos que se suceden en el bando humano, donde no es fácil compaginar los intereses científicos y comerciales con la desconfianza militar.
Finalmente, y debido a unos acontecimientos que no quiero desvelar, tres embajadores pajeños viajan al Imperio donde tratan de encauzar las conversaciones, hasta que los humanos descubren su secreto y se ven forzados a tomar una decisión salomónica.
Poco más que añadir: los personajes no me han parecido especialmente relevantes, no es sencillo identificarse con ninguno de los humanos, y los pajeños son, simplemente, demasiado extraños.
Como curiosidad, destacaría un detalle: el Imperio ha medio olvidado la mayor parte de la Historia de la Humanidad y los acontecimientos de los siglos XX y XXI son poco entendidos. Esto explica que el escudo del Imperio (heredado de un antiguo Imperio anterior llamado "El Condominio", en el que los EEUU y la URSS compartían el gobierno de la Tierra) consista en un águila que sostiene en sus garras la hoz y el martillo, y encima de todo, la corona Imperial.
También destacaría el tratamiento que se le da a la tecnología y que puede parecernos hoy bastante ingenuo: el libro fue escrito en 1975, y se hacen continuas referencias a "computadoras de bolsillo" (aparentemente similares a una PDA), sistemas de grabación en cinta, etc. Ahora me estoy leyendo la segunda parte (El Tercer Brazo), escrito en 1993, donde por la pinta, han mejorado estos detalles (y promete ser mucho más elaborado a nivel de trama: ya os contaré!!)

2 comentarios:

Lentejas dijo...

Pues tiene buena pinta el libro... Es cierto que los libros de ciencia ficción suelen "envejecer" y muchos parecen ingenuos pasados unos años, pero a mí me parece que ganan encanto. No a todos les pasa, claro. Yo me voy a releer ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y me leeré El juego de Ender, pero como lo tengo en PDF me da una pereza......

SuperSantiEgo dijo...

Qué recuerdos de este libro. En ese antiguo imperio existían unos cyborgs que eran la caña como soldados, llamados los superhombres de Sauron, y se había convertido en todo un tabú hablar de ellos, ya no hablemos de pensar en hacer algo parecido.