31 marzo 2011

Visitando la Avenida Q

Tengo que reconocer que me estoy engorilando mucho con este tema, pero la verdad es que desde que el sábado pasado volví a ver el musical Avenue Q, no he parado de revisar sus vídeos en YouTube, de escuchar la banda sonora en Spotify y de darles el coñazo en Facebook. Os prometo que esta ya es la última, eso sí, tremenda, chapa que doy al respecto.


Y vosotros diréis, ¿pero tan bueno es? ¿Tanto como para verlo dos veces? Pues hombre, bueno, es; muy bueno, no en balde ganó en 2004 tres de los seis premios Tony a los que estaba nominado (mejor musical, mejor música y mejor libreto, faltaron actor, actriz y director); pero lo cierto es que la segunda vez conseguí entradas gratis, y eso siempre ayuda a decidirse.
Si algo puede destacarse de Avenue Q es su originalidad y su incorrección. Originalidad por ser un espectáculo de marionetas para adultos, máxime cuando las marionetas son tan claramente barriosesamescas. Como en Barrio Sésamo, los muñecos viven en mundo en el que interactúan despreocupadmente con humanos, pero al contrario que allí, aquí podemos ver a los marionetistas. Lo cual es genial, porque los gestos de los actores detrás aportan una carga extra de expresividad a unos simples muñecos.
¿E incorrección? Muchísima. Y no hablo solo de lo chocante de ver a marionetas diciendo tacos o mostrando comportamientos explícitamente sexuales, sino de los temas que toca y cómo lo hace. Quizá el tema más paradigmático sea el del racismo, honestamente abordado en la canción Todos somos algo racistas, en la que saca los colores hasta al más abiertamente buenrollista. Pero también es tremenda la canción Schadenfreude, que, usando la palabra alemana que designa "la alegría por las desgracias ajenas", se toma a chuflas situaciones jodidas, y si no, atentos a este extracto:

¿No aplaudes si a un camarero se le cae la vajilla?
¿Y a que si un esquiador se la pega te partes de la risa?
¿No valoras más tus piernas si a un cojo con muletas tu ves?
Schadenfreude , no ser ellos te hace sentir bien.
(...)
Decirle a un vegetariano que acaba de comer pollo.
La cara de un chulazo al comprobar que se ha follado a un ogro.
Y en un ascensor te dicen “¡Aguántame la puerta que llego ya!”…
¡¡NO!! ¡Schadenfreude , que te jodan, haber corrido más!
Y que te parece si ves…
Empollones suspender.
ETSs contraer.
Trapecistas con resaca.
Una vieja en taca-taca.
Futbolistas expulsados.
O jefazos arrestados.
¡Darle un Oscar a una actriz y no dejarle hacer su speech !
Pero claro, la obra puede ser buena, pero ¿y la traducción? Pues por lo que he podido comparar, la adaptación de las canciones realizada por Miguel Antelo es sensacional: mantiene el ritmo, el espíritu y la mala leche con unas letras realmente fieles a las originales. Para el nivel de las traducciones a las que estamos acostumbrados en España, es realmente gratificante encontrarse con esta pequeña maravilla.
Grandes ejemplos de esta traducción los podemos encontrar en la canción (que debiera convertirse en himno) En Internet solo hay porno:
Me up all night honking me horn to porn, porn, porn / Mi cachondo siempre yo estar viendo porno
All these guys unzip their flies for porn / Mis colegas se la menean viendo porno
Sorry, Kate: I masturbate / Lo siento maja: me mato a pajas
Grab your dick and double-click for ponr, porn, porn! / Me la meneo si cliqueo viendo porno

No os podéis perder este vídeo

O, como no, la absolutamente desproporcionada:
So what should it matter to me what you do in bed with guys? / ¿Por qué me debería que importar que te la metan por detrás?
Esta es de la canción Si fueras gay en la que Nicky, el bocazas que recuerda a Epi trata de sacar del armario a su compañero de piso Rod, sospechosamente parecido a Blas (y un poco facha, según dice él mismo).


Y este menos aún

Bueno, todo esto está muy bien, pero ¿merece la pena la historia? No querría colar spoilers (bueno, MÁS spoilers), pero se puede decir que el musical cuenta la historia de Princeton, un recién licenciado que llega a la Avenida Q tratando de iniciar su vida adulta, pero la realidad se le empieza a hacer muy cuesta arriba, hasta que, finalmente, encuentra una meta a la que dedicarse. Puede sonar moralizante, pero nada más lejos de la realidad.
Junto a Princeton están los demás habitantes del barrio: los humanos Brian, Merry Christmas y Gary Coleman (sí, ESE Gary Coleman), los muñecos Rod, Nicky, la srta. Potorro y Lucy la Guarra, los monstruos Kate y Trekkie y los inclasificables y descojonantes ositos de las malas ideas (son los típicos angelito y diablito que representan la conciencia en tantos dibujos animados, solo que aquí son a cuál más cabrón). Todos ellos llevan unas vidas patéticas que no mejoran especialmente a lo largo de la obra.


Descubre sus vidas: ¡Qué mierda ser yo! La canción emblema del musical


¿Y qué tal los actores? Pues yo destacaría sobre todo a Ángel Padilla, que lleva el peso de la obra manejando a Princeton y a Rod, y a Leo Rivera, que le da la réplica con Nicky, Trekkie Monster y los ositos. En particular, la puesta en escena de Nicky y Trekkie es espectacular, pues se manejan a tres manos y una marionetista tiene que acompañar sincronizadamente a Leo, no sé si me explico, bueno, ved los vídeos de arriba.
También son muy buenas las actuaciones de Isabel Malavia e Inma Mira, que se turnan de una representación a otra para manejar a Kate Monster y a Lucy la Guarra. Curiosamente ambos personajes tienen un diálogo que es bastante esquizofrénico al estar interpretado por la misma actriz, pero queda bastante curioso en escena. He tenido la suerte de ver la actuación de ambas actrices y, personalmente, me quedo con la de Inma.
Y geniales Mayka Sitte, que clava a Gary Coleman, la gritona Thais Curia y el bonachón Pablo Muñoz-Chápuli, a quien ya conocía de su etapa de teatro universitario.

Y después de este post infernal, lo que me queda es recomendaros encarecidamente que vayáis a verla con vuestros propios ojos. El fin de la temporada es el mes que viene, así que están de rebajas con las entradas. ¿Cómo? ¿Que se acaba? Pues sí, hay rumores de que puede haber una gira por varias ciudades españolas (parece que Valencia está confirmado), pero lo cierto es que la obra tiene los días contados, supongo que por no haber tenido el mismo éxito que en Broadway o Londres, donde sigue en cartel.
Yo, la verdad, no entiendo a las productoras teatrales que, después de invertir una pasta en realizar la obra, ya saquen beneficios o no, nunca invierten un poco más en hacer una grabación en vídeo decente y venderla después. Quiero decir, es una inversión irrisoria comparada con el volumen de la obra, y, una vez publicada, puede ir reportando beneficios durante un tiempo todo lo largo que quieran. Así pues, para animarles a que se planteen la posibilidad de hacer algo así con este musical, he lanzado una campaña de recogida de firmas a ver les convencemos. Ya os digo de entrada que les va a dar la risa, ya que no tiene pinta de que vaya a conseguir un efecto viral y hasta ahora solo hemos reunido 12 firmas (¡nivelón!). Pero bueno, si os animáis a firmar, ¡aquí tenéis el link!
Y, en serio, ¡id a verla!