29 abril 2009

El Ciclo Barroco

El otro día terminé de leerme el último de los ocho libros que componen El Ciclo Barroco, la obra más ambiciosa del norteamericano Neal Stephenson. La lectura de esta saga me ha llevado cerca de un año, en parte por el escaso tiempo que tengo últimamente para leer, y en parte porque entre libro y libro he hecho alguna escapada para leer alguna novelita de Pratchett, por cambiar de aires.

El Ciclo Barroco es en realidad (mal que le pese a Stephenson) una trilogía, pues así se publicó originalmente (con títulos: Quicksilver, The Confusion y The System of the World), si bien cada tomo se divide a su vez en varios libros (ocho en total, los mismos en que se divide la edición española que, por una vez, no es una cagada).
La acción se desarrolla entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, un momento de la Historia en el que tienen su origen los grandes cambios que dieron como resultado nuestra sociedad actual. Pese a ello, el autor no ha tenido el menor empaque en clasificar la obra como ciencia-ficción. Personalmente, yo no iría tan lejos. Tiene parte de novela histórica, pues nos presenta un contexto muy documentado y genialmente recreado, unido a la presencia de ciertos personajes históricos bastante verosímiles. Pero es obviamente ficción, con una galería de antihéroes deliciosos, a los que acontecen aventuras entre lo jocoso y lo estrambótico, y donde se narrran una serie de sucesos algunos rayando en lo paranormal y otros en lo casi anacrónico. ¿Y ciencia? Mucha, y muy interesante. En realidad es una gran historia sobre los comienzos del desarrollo de la ciencia moderna, liderado por las dos mejores mentes de la época, Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz). Pero no se queda ahí, sino que también describe el nacimiento de una estructura económica incipientemente globalizada, la batalla ideológica entre una Ciencia en pañales y una Religión que se resiste a salir de la Edad Media, la tensión social de un sistema estricto de clases en el que, sin embargo, algunos consiguen prosperar, o los primeros movimientos para la abolición de la esclavitud.
Tres son los personajes principales en torno a los cuales giran las novelas: Daniel Waterhouse es un "filósofo natural", lo que hoy en día sería un científico, aunque coquetea con áreas que son claramente ingenieriles. En su juventud es compañero de estudios de Newton, si bien las circunstancias futuras le hacen trabar una importante amistad con Leibniz. Esto provoca que finalmente sea llamado a mediar en la disputa por la autoría de la invención del Cálculo infinitesimal entre ambos, disputa que trasciende más allá, hacia las concepciones que ambos genios tenían del mundo. Waterhouse se nos presenta como el hijo de un fanático puritano y antimonárquico inglés, que fue ejecutado espectacularmente (en serio) durante el gran incendio de Londres de 1666. Su origen puritano le hace terminar marchándose a la Bahía Colonial de Massachusetts, donde fundaría una ficticia institución precursora del mismísimo MIT; aunque paradójicamente se acaba encontrando a sí mismo mezclado en asuntos aristócratas europeos del más alto nivel hacia el final de la historia.
Jack "Mediapicha" Shaftoe (aunque tiene bastantes más pseudónimos, ninguno tan gráfico como este) es el perfecto protagonista de una novela picaresca: un niño pobre, un ladronzuelo, que se acaba enrolando en el ejército durante la liberación de Viena por Juan III Sobieski. Allí conoce a la mujer de su vida (tal vez la única en Europa que conoce técnicas para amarle ¬¬), con quien comparte bastantes aventuras hasta que la pierde por su avaricia, lo que no impide que sus hazañas sigan multiplicándose. Con los años se convierte en un fabuloso enemigo para el mismísimo Newton y la propia estabilidad de Inglaterra.
Eliza, la mujer amada por Jack (y por buena parte de la aristocracia francesa, inglesa y holandesa), es una esclava del Gran Turco, hasta que es rescatada. Dotada de un talento innato para los negocios, prospera hasta ser parte de la corte de Luis XIV, de Guillermo de Orange y de Carolina de Brandemburgo-Ansbach, primero como condesa y después como duquesa. Finalmente, acaba participando en la llegada de Jorge II a Inglaterra, e invirtiendo en los diversos artilugios tecnológicos promocionados por Daniel y Leibniz.
En cuanto a los hilos conductores de las novelas, que nos permiten asistir a una enorme cantidad de eventos históricos repartidos por medio planeta, podríamos citar tres: en Azogue, el primer tomo, se nos cuentan las intrigas políticas que llevan desde la Plaga de Londres hasta la Revolución Gloriosa, en la que Guillermo de Orange se proclama rey de de Inglaterra, en parte por las intrigas de Eliza y Daniel. En La Confusión, los dos libros que lo forman se narran en paralelo, con capítulos intercalados: Bonanza cuenta el espectacular robo por parte de Jack de una inmensa cantidad de un oro un tanto "particular" (parece tener un origen misterioso y su densidad es mayor de lo habitual, algo imposible, dado que el oro sólo tiene un isótopo estable); mientras que El Juncto se centra en las intrigas políticas inglesas, las disputas entre whigs y tories, y los problemas de acuñación de monedas que acaban situando a Newton al frente de la Casa de la Moneda. Finalmente, en El Sistema del Mundo (el mismo nombre que tiene el tercer volumen de los Principia Mathematica de Newton) se nos cuenta el destino del oro robado por Jack (y ansiado por los alquimistas, con Newton a la cabeza) y la batalla política por el control de la Casa de la Moneda británica.
Pero además de los hilos argumentales principales, los libros están salpicados de multitud de pequeñas historias, más o menos largas, unas rocambolescas, otras hilarantes, otras impactantes, que, por lo general, ayudan a mantener el ritmo de la narración. Entre ellas se pueden citar la huida de Jack a bordo de la nave en la que es galeote, con el oro recién robado al virrey español, desde las costas de Huelva hasta Egipto; el polvo que le echa Eliza a Bob, el hermano de Jack, en la mesa del salón de la casa de Christiaan Huygens, con él delante; el reinado de Jack en un territorio desértico al norte de India, cuyo único recurso es una patata que cultivan con el mayor cuidado; la venganza de Eliza contra la familia Hacklheber; el descubirmiento del fósforo; las distintas ofensas de Jack al duque de Arcachon;
el angustioso viaje a bordo de la Minerva desde Manila hasta México (a principios del XVIII aún no se conocía un método para determinar la longitud, así que cruzar el Pacífico era simple cuestión de suerte); la operación para extirpar una piedra del riñón de Daniel, realizada por Robert Hooke, usando la tecnología de la época; el espectacular robo del Píxide de la Casa de la Moneda británica para mayor vergüenza de Newton; el duelo a cañonazos entre uno de los colegas de Jack y un desquiciado lord inglés; la construcción del "Molino Lógico" (un ¡ordenador! que funciona con tarjetas perforadas) a manos de Daniel y Leibniz, o la colaboración en la construcción de las primeras máquinas de vapor.
También merece la pena reseñar la estupenda recreación que hace Sthepenson de la atmósfera de las distintas ciudades que recorren los protagonistas: Boston, Versalles, Argel, El Cairo, Lyon, Hannover, Shahjahanabad, Ámsterdam... pero, ante todo, Londres. El retrato del Londres post-incendio es simplemente espectacular, sobre todo si se compara con lo que queda de aquello en el Londres actual (¡que es mucho!). En particular, me ha impresionado lo pequeña que era la ciudad entonces: apenas cinco o seis barrios apiñados en la orilla norte del Támesis, con apenas dos puentes para cruzar a Southwark (arrabal de pobreza y negocios turbios), uno de los cuales albergaba edificios sobre él. Otros lugares como la Casa de la Moneda, el Palacio de Westminster, la Fleet Ditch, la prisiones de Bridewell y Newgate o El Monumento, son también escenarios que uno puede casi palpar.

En definitiva, El Ciclo Barroco es una monumental historia de aventuras magistralmente entrelazada con los acontecimientos que contribuyeron a la completa disolución del legado medieval y el comienzo de la Edad Moderna, a caballo entre el desarrollo de un sistema económico firme y el redescubrimiento de la realidad gracias al método científico. Y por si fuera poco, es la precuela de la otra obra insignia de Stephenson, Criptonomicon, con la que comparte un buen puñado de personajes.
Mi puntuación, un 9 sobre 10.