31 mayo 2007

Educar ciudadanos (2)

Normalmente me tengo por un demócrata convencido: después de unas elecciones me alegra saber que los ciudadanos hemos expresado nuestra opinión y que la democracia sale fortalecida.
Sin embargo, reconozco que esta vez estoy francamente decepcionado. Y no es porque el PP haya obtenido más votos que ningún otro partido, sino porque los ciudadanos han (¿hemos?) legitimado en las urnas una forma de hacer política que me repugna. A partir de ahora, Rajoy sabe que tiene carta blanca para seguir insultando a sus oponentes; Zaplana sabe que puede seguir dando pábulo a los cuentos conspiranoicos y atacar a las instituciones judiciales y policiales; Acebes sabe que puede seguir convocando manifestaciones contra la supuesta claudicación del Gobierno ante ETA, manifestaciones que serán jaleadas por la cúpula episcopal y la extrema derecha; Aznar sabe que puede seguir insultando a esa mayoría de españoles que no vota al PP; y los viceperiodistas talibanes de la COPE y El Mundo saben que pueden seguir manipulando, mintiendo y difamando a discreción, acallando cualquier crítica tildándola de "ataque a la libertad de expresión".
Así pues, como si el haber recibido una mayoría de votos en unas elecciones municipales les legitimara para pasarse las leyes y las instituciones por el arco del triunfo, el PP inicia hora eufórico una nueva etapa en la que los niveles de crispación crecerán probablemente hasta que el ambiente sea irrespirable.
Como muestra de botón, leo esta mañana estupefacto en el 20Minutos que una chica de 16 años se declara la "primera objetora de conciencia de la asignatura de Educación para la Ciudadanía". No olvidemos, en primer lugar, que hace sólo dos semanas, Esperanza Aguirre, Presidenta reelecta de la Comunidad de Madrid, secundó los llamamientos a la desobediencia civil que ya llevaban tiempo haciendo varios obispos. Me parece especialmente grave que la máxima institución del Gobierno Autonómico trate de torear una ley nacional, y de aquellos polvos tenemos estos lodos.
Dice la niña que "a ella no le come el coco nadie, y menos el Estado". Admirable. Si no fuera porque claramente los que le han comido el coco son sus padres, voluntarios del Foro de la Familia (acabaré desconfiando de cualquier asociación que se haga llamar Foro de Loquesea). Puedo comprender que una asociación de corte integrista católico desee que la educación moral de sus hijos quede monopolizada por los formadores de la Iglesia, pero me parece lamentable que renuncien también a que a sus hijos se les eduque en los principios éticos básicos de una sociedad democrática, en la tolerancia y la solidaridad, que se fomente la participación civil y la responsabilidad social. No es sencillo aprender a ser un ciudadano responsable e involucrado en la construcción de su comunidad, pero desde luego, si los padres alientan a sus hijos a saltarse las leyes que pretenden precisamente imbuirles el civismo y el constitucionalismo, lo que tendremos en el futuro serán ciudadanos con un escaso respeto por la Democracia y sus instituciones.
Francamente, no creo que el PP haya meditado profundamente las consecuencias de apoyar este tipo de comportamientos, pero habría hecho bien en desligarse del catolicismo intolerante en estos temas.

Por cierto, que mala pinta tiene todo este asunto si tengo que hablar de lo mismo cada seis meses...

4 comentarios:

Suso dijo...

El grado de desquiciamiento de la derecha está en niveles absurdos, y como dices tú va a ir a peor tras la "victoria" en las generales (digo "victoria" porque en algunos sitios se han pegado un batacazo, menudo vuelco en Galicia en los últimos 2 años)

Ahora vienen con la objeción de conciencia contra una asignatura de la que estoy seguro que ni se han mirado el programa (para empezar, porque todavía está en pañales).

Bueno, qué narices, no tienen ninguna intención de mirar el programa de la asignatura. Ya se encargan ellos de inventárselo, como la milonga surrealista e inconcebible que han montado con el dichoso "Alí Babá y los 40 maricones".

Desde luego es más fácil criticar el programa ficticio de la asignatura que el programa real, y como encima hay un porcentaje absurdamente elevado de gente que se cree a pies juntillas todo lo que lee, ¿qué más quieres, Baldomero?

Mentira, mentira, y más mentira. Daría pena si no fuera porque da asco...

Pipilota dijo...

Yo como me moriré siendo una ilusa espero que ese "engrandecimiento" que les da haber vuelto a ganar en Madrid y, como bien dices, les hará seguir en su línea pero de forma más salvaje, les lleve al batacazo final... es un pecado capital sin reconocer que la gente aborrezca a los que van de ganadores sin haber ganado aún.

Respecto a la objetora de ¿conciencia? me parece más bien una descerebrada inconsciente, tanto ella como los que objetan contra el civismo y la convivencia.
Es penoso y como dice suso asqueroso. v_v

Anónimo dijo...

Os recuerdo que la objeción de conciencia es un derecho recogido en la constitución. Bien que defendíais el derecho a la objeción de conciencia para el servicio militar obligatorio... Acaso eso no era "secundar los llamamientos a la desobediencia civil"? Eso no era "torear la ley nacional"? Manda huevos el doble rasero que hay para medir ciertas cosas... Si está bien objetar contra algo porque va en contra de tus convicciones personales (sean ideológicas o religiosas), entonces está bien para todos, no para unos sí y para otros no.

ÓsQar dijo...

Mira, lo primero que deberías hacer antes de soltar tu opinión tan alegremente es asegurarte de que lo dices es cierto. Y en este caso, se te ha olvidado.
En primer lugar, en ningún sitio de la Constitución se hace mención alguna a la "objeción de conciencia"... lo más parecido (y lo que invocan -invocáis- los ultracatólicos) es el artículo 16 sobre el derecho a la libertad ideológica.
En segundo lugar estás confundiendo (y sospecho que aposta) la "objeción de conciencia para el servicio militar obligatorio" con la "insumisión". La segunda era un delito, que muchos pagaron con la cárcel, la primera era una alternativa recogida en alguna ley orgánica a la que muchos nos acogimos para no hacer la mili. Sin desobediencia civil y sin torear ley alguna. Escrupulosamente legal.

Ahora bien, lo que está planteando la Conferencia Episcopal y sus asociaciones satélites, es movilizar a los padres para que sus hijos preadolescentes no reciban clases de una asignatura relacionada directamente con los valores democráticos, la Constitución y los derechos humanos. Como excusa, se apoyan en el hecho de que esta asignatura promueve la tolerancia y el respeto por los demás, incluyendo su orientación sexual; y he aquí el punto donde le duele a la Iglesia: que ven que tienen la batalla perdida en el asunto de los derechos de los homosexuales y quieren revolverse a la desesperada.
El problema es, y ya lo expresó el mismísimo Rajoy, que los chavales se exponen a suspender la asignatura y a no pasar de etapa (ya que la asignatura se da a caballo entre Primaria y Secundaria). La ley es la ley y, como dije, no está para torearla.

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