13 mayo 2008

Maniobras sindicales en la oscuridad

Ayer por la tarde alguien vería en mi Twitter el aviso de que nos habían convocado a una asamblea de trabajadores en mitad de la jornada laboral. Que se convoquen asambleas en mi curro es algo muy infrecuente, pero que sean en horario laboral era, hasta ahora, inaudito.
Probablemente la semana pasada leyerais u oyerais la noticia de que Telefónica I+D, filial de innovación tecnológica del grupo Telefónica, tiene intención de presentar un ERE para recortar 94 puestos de trabajo que adolecían de cierta obsolescencia técnica (los más viejunos, vaya). La convocatoria de asamblea por parte del Comité de Empresa venía motivada precisamente por la presentación por parte de RRHH de la propuesta final del ERE.
Hace un par de semanas ya tuvimos otra asamblea en la que nos contaron la marcha del casi inexistente proceso de negociación. En ella, el Comité mostró una cara muy crítica con la dirección de la empresa, y dejó bastante claro que el ERE, tal y como estaba planteado, era poco mejor que una mierda pinchada en un palo. Su postura era de un cauto rechazo, a la espera de la propuesta final de la empresa, en la cual ponían pocas esperanzas, dada la escasa voluntad de RRHH por negociar. Al día siguiente aparecieron las noticias en prensa e incluso un miembro del Comité fue entrevistado en alguna emisora de radio, donde fue bastante beligerante con la empresa.
Sin embargo, la asamblea de ayer fue radicalmente distinta: empezó con esa misma persona entrevistada detallándonos las bondades de la propuesta final del ERE, la cual resulta que había sido gestada tras un arduo proceso de negociación (inexistente, como digo, hacía solo unos días). La pantomima se prolongó durante más de una hora ante la estupefacción de los asistentes. ¿Era este el mismo Comité que rechazaba de plano el ERE? Se ve que no. Ahora todo eran beneficios para los trabajadores, hasta el punto de dar la impresión de que, si tenías más de 52 años y no lo suscribías, es que eras gilipollas.
El punto álgido de la asamblea-comedia llego en el momento en que alguien (¿un topo de RRHH?) destacó una incongruencia entre el documento presentado y lo hablado en una supuesta reunión de esa mañana. Los miembros del Comité se hicieron los indignados y proclamaron que no se iban a mover un ápice de lo que constaba en las actas. El asunto se enredó un poco según la gente iba opinando, y alguien acabó llamando al director de RRHH, que apareció minutos después en una suerte de deus ex machina.
Es entonces cuando pudimos asistir a un sainete entre el director de RRHH y el asesor-negociador de CGT, que discurrió mas o menos en estos términos:

Rinconete: Debe de haber algún error, nosotros queríamos añadir esta cláusula, pero se nos ha debido de pasar.
Cortadillo: Sintiéndolo mucho, está así en las actas y así se queda.
Rinconete: Es que es algo ordenado por mamá Telefónica, no se puede eliminar.
Cortadillo: Si quieres lo añadimos, pero cambiamos de paso la junta esta de la trócola que tampoco nos gusta.
Rinconete: Pero hombre, no nos vamos a poner a negociar ahora con toda esta gente mirando.
Cortadillo: Tienes razón pero es lo que hay.
Rinconete: Bueeeno, vaaale, lo dejamos como está, pero que sepáis que me metéis en un lío muy gordo.
Aplausos y ovación mientras el director de RRHH se marcha con el rabo entre las piernas. El Comité gana un punto en riguroso directo y termina de convencer a buena parte del auditorio. Solo unos irreductibles galos aguantan haciéndole preguntas comprometidas al ponente, el cual detalló a continuación los grandes beneficios de aceptar la propuesta y sugirió un dramático apocalipsis si se rechazaba.
La asamblea terminó no sin antes salir otro miembro del Comité, y a la sazón, delegado de CCOO y enemigo acérrimo del sector CGT, manifestando que su opinión es diametralmente opuesta, que, a su juicio, el ERE sigue siendo la misma mierda de antes, y que no le han dejado presentar sus transparencias por falta de tiempo. El turno de preguntas quedó bruscamente cortado por que, según parecía, iban a ofrecer un segundo pase de la zarzuela para los rezagados que quedaban fuera del auditorio.
Sin tiempo para más reflexiones, y aún conmocionados por la representación a la que acabábamos de asistir, nos tocó subir a una sala en la que habían colocado un par de urnas para que votáramos SÍ o NO a la propuesta de ERE.
El resultado, visto esta mañana, era de 197 síes, 175 noes, 22 blancos (oh, 175+22=197, ¡qué curioso!) y 3 nulos.
Así pues, habemus ERE, así que no se pierdan en futuros episodios el despido de 94 personas de la operadora de telecomunicaciones que más beneficios ha obtenido el pasado año a nivel mundial.