16 julio 2007

Tres de Pratchett (2)

La segunda novela del Mundodisco que tengo en la recámara es la aclamada Fausto Eric (o, simplemente, Eric). Hay quien dice (o dijo en su día) que ésta es la mejor novela de la saga, lo cual no impidió a Plaza y Janés pasársela por el arco del triunfo cuando empezó a publicar la serie en castellano. Me imagino que el motivo fue que es una novela muy corta (apenas 200 páginas, la mitad que cualquiera de las otras) y, por tanto, no podía venderla por el pastizal al que acostumbra en las ediciones de rústica. El caso es que Eric, que debería haberse publicado después de ¡Guardias!¡Guardias!, fue sustituido en 2003 por El país del fin del mundo (supongo que porque también salía Rincewind), con lo que se rompía la fina línea temporal que une la serie.
Afortunadamente, Eric acabó siendo publicada y cayó en mis manos en cuanto salió en bolsillo (con una portada bastante más sugerente que ésta de la derecha). ¿Qué decir de ella? Pues lo principal, que no me ha parecido, ni mucho menos, la mejor de la saga (en principio, me suelen gustar más las novelas de Yaya Ceravieja, pero creo que hay novelas de Rincewind mejores que ésta). Tal vez haya influido el hecho de no haberla leído en el contexto temporal adecuado: en Eric aún no han hecho su aparición los indescriptibles miembros del cuadro académico de la Universidad Invisible, en los tiempos en los que Mustrum Ridcully es archicanciller, y sin ellos, por muy bueno que sea el personaje de Rincewind, cualquier mención a los magos del Disco se me queda coja.
Eric comienza donde termina Rechicero, con Rincewind atrapado en las Dimensiones Mazmorra, de donde le rescata (por error, claro), Eric, un nigromante aficionado y quinceañero que obliga a Rincewind a acompañarle en un loco viaje por el Infierno, las antiguas Grecia (perdón, Efebia) y Centroamérica (digo, Klatch) e, incluso, el final/principio de la Creación (¡¿Pratchett creacionista?! :-). Un poco caótico (más!) para lo que nos tiene acostumbrados Pratchett, lo que también ha contribuido a no llamarme demasiado la atención.
Y aquí van unas citas:
Unas muestras de la maravillosa visión de la realidad de Pratchett:

Era un tazón de cereales, frutos secos y pasas. No tenía ningún problema con nada de todo aquello. Simplemente ocurría que, en alguna fase de la preparación, algo parecía haber llevado a cabo sobre aquellos ingredientes inocentes el mismo proceso que sufre una estrella de neutrones bajo un millón de gravedades. Si te morías al comer algo como aquello no te tenían que enterrar, solamente necesitaban tirarte en algún sitio donde el suelo fuera blando.
-¿Sargento?
-¿Señor?
-Vigile a este niño.
-Sí, señor. ¿Cabo?
-¿Sargento?
-Cuide al crío.
-Sí, sargento. ¿Soldado Arqueos?
-Sí, mi cabo -dijo el soldado, su voz lúgubre de premonición.
Las selvas klatchianas:
Los pocos exploradores que han regresado vivos de allí han dejado una serie de pistas prácticas para quienes vengan detrás: 1) evitar en la medida de lo posible cualquier planta trepadora colgante que en un extremo tenga ojos saltones y lengua bífida; 2) no recoger ninguna planta trepadora a rayas naranjas y negras que esté aparentemente tirada en medio del camino, meneándose, porque a menudo tiene un tigre en el otro extremo, y 3) no ir.
-Así que no encontró usted la Fuente de la Eterna Juventud -dijo, sintiendo que debía iniciar alguna conversación.
-Oh, sí que la encontré -dijo Da Quirm con solemnidad-. Un manantial cristalino, en las profundidades de la selva. Era muy impresionante. Y di un buen trago. Un señor trago, me parece más apropiado.
-¿Y...? -dijo Rincewind.
-Y funcionó, claramente. Sí. Durante un rato sentí que me estaba volviendo más joven.
-Pero... (...)
-Ah -dijo el anciano-. Sí, claro, esa es la parte más lamentable. Después de todo lo que había leído sobre la Fuente, lo normal habría sido que alguien en todos aquellos libros hubiera mencionado el dato más vital sobre el agua, ¿no?
-¿Qué dato...?
-Hervirla primero. Todo dicho, ¿no? Una pena terrible, la verdad.

Así son los demonios del Mundodisco:
¡Los dioses! ¡Cómo odiaba a los dioses! Los odiaba más todavía de lo que odiaba a la vieja guardia como Vassenego, más de lo que odiaba a los humanos. La semana anterior había celebrado una pequeña soirée, se había esmerado mucho en ella, había querido demostrar que estaba dispuesto a considerar lo pasado pasado y a trabajar junto con ellos por un universo nuevo, mejor y más eficaz. Lo había llamado una fiesta "¡Vamos a conocernos!". Había habido pinchos de salchicha y todo. Se había esforzado al máximo porque resultara agradable.
Ellos ni siquiera se molestaron en contestar las invitaciones. Y eso que él se había preocupado especialmente de ponerles un SRC.
Y sería hacer un uso descuidado del idioma decir que la cosa que respondió a la puerta era una pesadilla. Las pesadillas suelen estar llenas de bobadas, y resulta muy difícil explicarle a alguien qué tiene de temible que tus calcetines cobren vida o que salgan zanahorias gigantes saltando de los setos. Pero esta cosa era la clase de cosa terrorífica que solamente podía crear alguien que se sentara y pensara en pensamientos horribles con mucha lucidez. Tenía más tentáculos que patas, pero menos brazos que cabezas.
También llevaba una insignia.
La insignia decía: "Me llamo Urglefloggah, Engendro del Averno y Guardián Repulsivo del Portal Pavoroso: ¿"En Qué Puedo Ayudarle?".
Luego vieron un montículo. Al pie del mismo había un hombre esposado, con la cabeza desesperada apoyada en las manos. A su lado había un demonio verde bajo y rechoncho, casi desfallecido bajo el peso de un libro enorme.
-He oído hablar de ese -dijo Eric-. Un tipo que desafió a los dioses o algo parecido. Tiene que estar todo el tiempo empujando esa roca colina arriba aunque la roca no para de caerse rodando...
El demonio levantó la vista.
-Pero primero -trinó- tiene que escuchar las Regulaciones de Insalubridad e Inseguridad sobre el Levantamiento y Transporte de Objetos Pesados.
La peculiar filosofía Pratchettiana:
Los demonios han existido en el Mundodisco durante al menos tanto tiempo como los dioses, a los que se parecen bastante en muchos sentidos. La diferencia es básicamente la misma que hay entre terroristas y revolucionarios.
Resulta interesante que los dioses del Disco nunca se han molestado mucho en juzgar a las almas de los muertos, de forma que la gente solamente va a parar al infierno si es ahí donde creen en el fondo de su alma que merecen ir. Cosa que no harán si no saben de su existencia. Esto explica por qué es importante disparar a los misioneros en cuanto se les ve.

Era lo malo de los viajes por el tiempo. Que a uno nunca lo pillaban preparado. Su única esperanza ahora, decidió Rincewind, era encontrar la Fuente de la Eterna Juventud de Da Quirm, conseguir mantenerse vivo unos cuantos miles de años y estar listo para matar a su propio abuelo, que era el único aspecto de los viajes por el tiempo que alguna vez le había atraído. Siempre había pensado que sus antepasados se lo habían ganado de sobra.
Así fue la Creación del Universo...
La eternidad se había acabado. Todas las arenas de los relojes habían caído. La gran carrera entre entropía y energía había acabado y el favorito había acabado ganador.
(...)
La Muerte se dio la vuelta para marcharse, pero al hacerlo oyó un ruido casi imperceptible.
(...)
Era un fragmento minúsculo de materia, que acababa de cobrar existencia con un ruidito hueco.
(...)
Era un clip sujetapapeles.
Mucha gente cree que tendría que haber sido una molécula de hidrógeno, pero eso contradice los datos de la observación. Todo el mundo que haya encontrado un batidor de huevos hasta entonces desconocido atascando un cajón inocente de la cocina sabe que la materia en estado bruto fluye continuamente hacia el universo bajo formas bastante desarrolladas, y que cobra existencia normalmente en los ceniceros, los jarrones y las guanteras. Elige su forma con el criterio de disipar sospechas, y sus manifestaciones más comunes son los clips sujetapapeles, los alfileres con que se venden las camisas, las llavecitas de las calefacciones centralizadas, las canicas, los trocitos de lápices, las piececitas misteriosas de aparatos para cortar la hierba y los álbumes antiguos de Kate Bush. No está claro por qué la materia hace todo esto, pero es evidente que tiene Planes.
...aunque el Creador es un poco inusual:
-Pero así se hacen las cosas hoy en día. Se ha perdido el oficio. Cuando yo era chaval se tardaba días en hacer un universo. Uno podía enorgullecerse de ello. Ahora lo dejan todo de cualquier manera, se vuelven al camión y se largan. ¿Y sabéis qué?
-Pues no -dijo Rincewind en tono débil.
-Roban cosas de la obra. Encuentran a alguien cerca que quiere ampliar un poco su universo y un rato después descubres que se han llevado un cacho de firmamento y lo han vendido para alguna ampliación en alguna parte.

Y, para terminar, un clásico sobre Ank-Morpork:
Ningún enemigo había conquistado nunca Ankh-Morpork. Bueno, técnicamente sí, bastante a menudo. La ciudad daba la bienvenida a los invasores bárbaros despilfarradores, pero por alguna razón los perplejos conquistadores siempre acababan descubriendo, pasados unos días, que ya no eran propietarios de sus caballos, y al cabo de un par de meses que ya no eran más que otro grupo minoritario con sus graffiti y sus tienda de comida propias.

2 comentarios:

Pipilota dijo...

Leyendo estas cositas es imposible no empezar el lunes con unas cuantas sonrisas y unos cuantos estremecimientos de hombros :)

Quesito y Tostadiño dijo...

Genial, como el resto de las novelas